¡Vociferen, se rueda!

ARTÍCULOS

La retransmisión televisiva de los debates parlamentarios (o de los plenos municipales), en contra de lo que sostienen los falsos ingenuos, no ha dado como resultado una «mayor transparencia». Nos decían que introduciendo cámaras y micrófonos en los hemiciclos podríamos acceder a la esencia de la política y veríamos cómo se negocia, como se «transacciona» la voluntad popular. En realidad, llevar las cámaras a los debates políticos ha tenido el mismo efecto que introducir el caballo de madera en Troya: ha entrado el enemigo.

El resultado de las retransmisiones televisivas ha sido nefasto. Exactamente el mismo que se ha producido al introducir la cámara del Gran Hermano en la «vida real», en la conversación de una pareja, en un debate ciudadano sobre la emigración o en una tertulia sobre la poesía renacentista: ha convertido a todos los participantes en actores que representan un papel ante un público. Pero con la diferencia de que pretenden hacernos pasar por real lo que no es sino una representación: es decir, se han convertido en farsantes.

En política, los integristas de todo tipo sostienen que los principios no son negociables y ven mal cualquier acuerdo en el que deban rebajar sus programas de máximos. Quieren introducir cámaras y mostrar en vivo una negociación para evidenciar que la voluntad popular se «traiciona» cada vez que se negocia, porque hay que ceder. A ciertos líderes, depositarios de una verdad trascendente, no es difícil imaginarlos en el escaño portando las Tablas de la Ley. Pero esta reclamación sobreactuada de pureza acaba condicionando los discursos y al final todos actúan como si negociar fuera perverso y como si todos, salvo el que habla, estuvieran contaminados de una podredumbre moral inherente al cargo. Da un poco de grima ver a personas que perdieron su virginidad cuando los dinosaurios dominaban la Tierra actuar como si se hubieran reencarnado ayer en Juana de Arco.

En el parlamento televisado nadie dice la verdad, nadie trata de llegar a acuerdos, nadie intenta establecer una base común de entendimiento. Los mensajes no están dirigidos al adversario político sino al televidente a quien se le está vendiendo un producto (el Partido Que Lava Más Blanco). Son mensajes que, por su esencia propagandística, carecen de mesura, renuncian a la empatía con el adversario y no buscan el diálogo —lo que debería ser la esencia de un parlamento— sino que propenden al monólogo discursivo del dictador. Como se trata de «ganar», lo importante es que el adversario «pierda» y así es como nos enteramos de que miente una y otra vez, es un ladrón que representa a un partido de mangantes, apoya la corrupción pública y el enriquecimiento ilícito, fomenta la disgregación nacional, odia a las mujeres, desprecia al emigrante, putea al inmigrante, quita el pan al pobre que no tiene que comer y fríe a impuestos al ciudadano desangrable, gestiona las crisis sanitarias con el objetivo de matarnos a nosotros y sacrificar a nuestro perro, subvenciona a espuertas a los amiguetes y racanea con lo público, roba la pensión de los ancianos, vende el país, ensucia el aire, profana la Tierra con el fracking y hasta con el fucking, calienta el clima y busca la extinción del oso polar. Con ligeras variaciones, un discurso similar se repetirá en cualquier parlamento, gobierne quien gobierne. Hay frases que los profesionales han ido acarreando desde la asociación de vecinos al Ayuntamiento, de allí a la Diputación, al Parlamento y, ya prejubilados, al Senado o al Parlamento Europeo. Si la diatriba funcionó contra el concejal encargado de regular el aparcamiento, ¿por qué no va a funcionar contra el ministro de Transportes?

Lo cierto es que ver a sus señorías comportarse como hinchas empuja a la melancolía o encabrona, depende el día. Gracias a sus discursos insultantes, soeces, enfáticos y prefabricados sabemos que la política es una mierda y que todos los políticos son una mierda. Sabemos que lo más importante son los principios, que son siempre «irrenunciables», o el terruño, que se lleva en el corazón, o la bandera o el recuerdo de los muertos propios (que los otros eran unos cabrones y se lo merecieron). Y lo más importante, sabemos que «todos los políticos son iguales» porque todos se dedican mutuamente la misma basura y todos no pueden estar equivocados, como aquellas moscas.

No hace falta decir —pero lo digo— que este discurso enmerdante es intelectualmente imbécil e íntimamente dictatorial y totalitario y que su triunfo sólo se explica porque generaciones enteras de individuos, sometidas a una campaña masiva de entontecimiento, sufren de esponjamiento cerebral. Muchos de ellos ya ocupan escaño.

Al final, naturalmente, a toda esta representación le llega su horario de desconexión, su zona muerta sin cámaras. Y del mismo modo que a los tertulianos se les paga por mostrarse enérgicos y a los participantes de un programa de telerrealidad por ser chorras a full-time, a los políticos se les paga el sueldo por solucionar los problemas reales de la gente, lo que suele implicar negociar entre fuerzas dispares y llegar a acuerdos para poner en marcha proyectos comunes. Pero la sobreactuación televisiva, la ultrarrepresentación de papeles discordantes, el gran teatro de la pseudopolítica de gestos para la foto, lo impiden. La televisión no ofrece transparencia, sólo lo convierte todo en un guiñol para una audiencia infantilizada y embrutecida.

Como ocurre con los negocios, a los acuerdos políticos se llega en los despachos y en las mesas del restaurante. Donde no hay cámaras. Donde dejamos de hacer el gorila que se aporrea el pecho y descubrimos la importancia de la cortesía y la diplomacia. Donde la gente se mide mirándose a los ojos y no sólo por lo que habla, sino también por lo que calla. Donde vale más una relación empática que diez mil discursos enfáticos cien mil veces regurgitados. Donde lo importante no es el teatro ni el espectáculo para entretener a las masas sino lo concreto: el problema, sus soluciones y sus beneficios.

Apagad la tele, corazones. Estáis infectados de ficciones.

[Publicado el 25/02/2015 en El Diario Norte]

Una (e)lección griega

Escritos

Para ganar por mayoría absoluta es necesario tejer un cuerpo electoral transversal. Esto exige identificar con claridad un enemigo que aglutine el descontento y que lo convierta en chivo expiatorio del malestar. Es siempre preferible que ese enemigo sea exterior pues de lo contrario se corre el riesgo de desmovilizar a parte del electorado que puede sentirse identificado.

El caso de la victoria de Zapatero es paradigmático: una vez consolidada en el electorado la correspondencia Aznar = Bush > Guerra > Terrorismo Islamista > 192 muertos, quedó claro contra qué se votaba; daba igual que aquello fueran unas elecciones generales o que Aznar ni siquiera se presentase a ellas. También lo consiguió años después el Partido Popular identificando crisis económica, corrupción, derroche y paro con el PSOE; en este caso se trataba de una reedición del mensaje que permitió anteriormente la mayoría absoluta de Aznar y la caída del gobierno de Felipe González. (Por cierto, el cuerpo electoral ha comprado varias veces este mensaje por lo que el PSOE debería espabilar y aprender de una vez por todas que este es el terreno ideológico en donde debe combatir en lugar de seguir girando eternamente a la izquierda, que parece encerrado en un giro perpetuo sobre la rotonda de su propio ombligo. Bah, no me agradezcan el consejo, soy así de generoso).

Ahora acabamos de ver cómo Syriza ha rozado la mayoría absoluta con el mismo método, identificando como enemigos a batir la crisis económica, las políticas neoliberales y la austeridad, es decir, proponiendo un mayor endeudamiento (un imposible, dado que la deuda soberana helena está al nivel de los bonos basura), programa en el que ha coincidido con otros partidos. El cuerpo electoral ha comprado masivamente el mensaje de que ellos no tienen nada que ver con los problemas que les aquejan y ha apartado a quienes les han prometido un futuro venturoso si pagan sus deudas y racionalizan la administración pública y la economía. El estado de ánimo electoral lo resumió perfectamente ante las cámaras del Telediario de TVE una señora que mostró su monedero vació: votaré a quien me lo llene. De momento han votado a quienes han prometido que no se lo van a vaciar más.

Ya sabíamos que era más fácil comprar una mentira verosimil (no pagar la deuda actual, permanecer en la zona euro y, sorprendentemente, endeudarse más para revitalizar la economía) que un relato inverosimil de austeridad, penalidades y trabajo con final feliz. Pero también sabemos lo difícil que resulta gestionar una mentira colectiva si no se dispone de los mecanismos represivos de una dictadura.

Mal asunto, muchachos. Habéis sacado pecho proclamando que fuisteis los inventores de la democracia (δημοκρατία) pero siempre se os olvida decir que duró poco, que tuvisteis el mismo o mayor éxito con el falangismo espartano y que en lo que sois auténticos maestros es en otro de vuestros grandes inventos, la demagogia (δημαγογία). Suerte. Vais a necesitarla.

Que nadie se ría

Escritos

Sostiene Charles R. Gruner, alejándose de las visiones amables de la psicopedagogía de jardín de infancia y geriátrico, que en toda risa resuena el grito de triunfo de quien derrota a un adversario, que todo humor esconde, por mucho que lo disimule, un gesto de agresión. Sostiene Gruner que reir equivale a ganar y que toda situación humorística esconde un ganador y un perdedor, aunque no sea fácil verlos a primera vista; es más, que si desaparecen ganador y perdedor, o no se percibe qué se gana o qué se pierde, no hay humor.

Góngora, ingenioso, ya se había dado cuenta de que la risa era un triunfo con aquello del «ande yo caliente, ríase la gente», en donde finge la humildad de soportar las risas de los intensos para poder luego reirse más y mejor disfrutando de los placeres terrenales. Pero su triunfo y su victoria están, claro, en el poema, en donde no sólo se ríe ya de los listos, sino que les anuncia que seguirá haciéndolo, y mientras ellos pierdan el tiempo hablando de política o de amores o de literaturas, él estará carcajeándose de ellos y llenando el buche. Tú crees reirte de mí, pero yo ya me estoy riendo ahora y, sábelo ya, más me reiré: yo gano.

Si la risa es triunfo —y parece ser que íntimamente todos lo entendemos así— la sátira añade humillación a la victoria. La sátira no es soló una expresión de inteligencia, se origina también en el convencimiento de su superioridad moral sobre lo criticado, siendo la burla, la ironía, el sarcasmo, la ridiculización o la parodia medios para atacar una realidad reprobable que se pretende enmendar. Sin embargo, para los satirizados, la propia expresión de la sátira, el mismo acto de humor, no son sólo la constatación de su derrota sino la expresión jocunda y carcajeante de su humillación. De ahí la torva advertencia de «quien ríe el último, ríe mejor», que anuncia la mueca de marfil de la postrer victoria de la muerte.

He pensado mucho en estas cosas tras los asesinatos de los humoristas de Charlie Hebdo. En como a algunos se nos heló la sonrisa y en cómo a otros, bienaventurados los mansos tanto tiempo pacientes, les faltó tiempo para solidarizarse con las almas humilladas de los asesinos y proclamar su postrer victoria con risa de conejo. Y me he acordado también de aquel otro gran satírico, François Villon, que a la espera de ser ahorcado junto a sus compañeros escribió la Balada de los ahorcados y pidió en los versos finales que, al menos, se ahorraran las últimas risas: «Hombres, aquí con bromas no se venga; rogad a Dios que a todos nos absuelva».

[Publicado el 26/01/2015 en ÇHØPSUËY FANZINË ØN THË RØCKS]

Ciudad corrompida (Eibar 1935)

Escritos

Hace ya algún tiempo Antonio Rivera me prestó su libro “Modernidad y religión en la sociedad vasca de los años treinta” en donde se recogían una serie de estudios que Idearium, Revista de investigación y síntesis de ciencia religiosa (1934-35), publicaba en el Seminario de Vitoria y que dirigía José Miguel de Barandiarán. El libro, aparte de muy interesante, fue para mí una gran fuente de regocijo, pues pocas cosas me divierten tanto como la prosa moralista. En los artículos de Idearium que se reproducían encontré al menos dos joyas, una referida a la Zona Minera de Vizcaya y otra correspondiente a la ciudad de Eibar, del padre Mateo Uriarte, que es la que se reproduce a continuación.

El bueno de Don Mateo sufre con la descomposición moral de la ciudad armera, en donde «todos se lanzan a la calle, a la taberna, al café, al centro político o al cine; así diariamente, en turbia promiscuidad de sexos hasta muy avanzadas horas de la noche, con funestas consecuencias para la moralidad y religiosidad» y propone soluciones que podrían detener su triste devenir. Sólo me limitaré a constatar que, 85 años después, don Mateo habría podido comprobar que las cosas materiales han mejorado mucho, pero no quiero ni pensar qué habría escrito sobre la espiritualidad de los eibarreses.

NOTA: El archivo digitalizado de la Fundación Sancho El Sabio de la revista Idearium correspondiente al 1/9/1935 contiene un error. Está repetido la página 398 y falta la 399 que —casualmente y maldita la gracia— corresponde al título y a las primeras líneas de este artículo.

La descomposición moral de un pueblo

Estado religioso de Eibar
Mateo de Uriarte

[…] falta de virilidad religiosa es hoy general, adquiere mayor proporción en este pueblo, tal vez por la presión que ejerce aún sobre el sector católico la falta de tradición religiosa, el pasado abolengo liberal y el presente tono izquierdista y anticlerical que aún predomina.

He comenzado por afirmar que quiero proceder con toda objetividad, para ello, he procurado documentarme con toda escrupulosidad, y por los datos que voy a exponer han de ver los lectores de esta crónica el reflejo de una realidad a la que no debemos cerrar los ojos, aunque no nos sea del todo halagadora; porque cuanto más certero el diagnóstico más eficaz será el tratamiento.

Como índice harto elocuente para señalar el nivel de moralidad y religiosidad de un pueblo, comenzaré por el de natalidad en estos últimos años.

Años

Nacidos

Bautizados

Sin bautizar

1931

201

198

3

1932

202

192

10

1933

198

190

8

1934

158

157

1

He aquí un cuadro que marca por sí sólo la descomposición moral de un pueblo: Eibar, una población que cuenta alrededor de 14.000 habitantes, con sólo 158 nacimientos, sin que las perspectivas que ofrece este año sean más halagüeñas, ya que hasta la fecha a que se refieren mis comprobaciones, 10 de agosto, el número de nacidos sólo llegaba a la cifra de cien, lo que hace suponer que los cuatro meses que restan del año posiblemente no alcanzarán la cifra anterior.

Como explicación de este hecho se invocará seguramente la crisis económica, la situación apurada de muchos hogares. Influirá todo esto desde luego, pero tengo la convicción de que no está ahí la verdadera explicación, y quien viva en Eibar y pueda auscultar un poco su vida familiar y social, señalará sin duda alguna otra causa a esta cifra vergonzosa.

En Eibar existe desde luego el problema del paro obrero y de la crisis industrial; pero será sin duda alguna uno de los pueblos menos afectados por la misma, ya que por la modalidad especial de la industria de este pueblo serán raras las familias en las que todos sus miembros se hallen en paro forzoso; si no es el padre, será el hijo o la hija quien estará ganando su salario. La prueba de esto la dan los espectáculos, bares y establecimientos de bebidas siempre llenos; el éxodo de una verdadera masa humana los días festivos. Un dato: el 15 de agosto hubo en la estación de Eibar seis mil y pico pesetas de ingreso; el domingo siguiente, cuatro mil y pico, aparte de autocares y coches de turismo. Otro dato, bien aleccionador por cierto: en los últimos diez meses el partido socialista ha recaudado en Eibar 75.000 pesetas para los presos de la revolución de octubre. Por esto repito que no me satisface la explicación que quiera buscarse en los apuros del vivir. Crisis, estrecheces agudas y con carácter endémico desde hace años vienen padeciendo los pueblos de la costa, y puedo ofrecer el dato de Ondárroa con una población que no llega a la mitad de Eibar y con un movimiento de natalidad que oscila entre 160 a 180 al año.

Descartada esa explicación, sólo queda esta otra en toda su realidad descarnada: que el egoísmo sensualista, manifestado en las prácticas anticoncepcionistas, está corroyendo las entrañas morales de este pueblo.

DEFUNCIONES

Años

Muertos

Entierros ecuménicos

Entierros civiles

1931

164

155

9

1932

156

145

11

1933

142

140

2

1934

142

123

19

Observará el lector cierta desproporción en los entierros civiles de un año a otro; pero tenga presente la advertencia ya hecha de que dentro de Eibar existen dos pueblos, y según que la mortalidad haya caído más en uno que en otro, varía también el número de entierros civiles. Además, y como explicación del número correspondiente a 1934, téngase en cuenta la revolución de octubre en que murieron cinco jóvenes socialistas.

Prensa

Respecto a la prensa que se lee en este pueblo he hecho el recuento exacto de un día, el 21 de agosto, ya que él reflejara, con ligeras variaciones, el balance general. En ese día se vendieron en Eibar:

540 ejemplares de «El Liberal» de Bilbao.
510 ejemplares de «La Voz de Guipúzcoa».
165 ejemplares de «Euzkadi».
125 ejemplares de «Excelsius».
115 ejemplares de «El Pueblo Vasco» de Bilbao.
85 ejemplares de «El Día».
60 ejemplares de «La Gaceta del Norte».
45 ejemplares de «El Pueblo Vasco» de San Sebastián.
24 ejemplares de «La Constancia».
20 ejemplares de «El Noticiero».
18 ejemplares de «El Diario Vasco».

Aparte de estos diarios se venden también «Heraldo», «El Sol» y «La Voz» de Madrid; algunos pocos números de «El Debate», «Informaciones» y «Ahora»; muy abundantes las novelas y publicaciones pornográficas, repartidas muchas de ellas a domicilio.

ORGANIZACIONES SINDICALES. El Sindicato metalúrgico (UGT) con 1.400 sindicados; Solidaridad de Trabajadores Vascos con 935; Sindicato Católico con 87.

Vida parroquial

La actividad de la parroquia de Eibar no es que sea de una vitalidad anquilosada precisamente. Esta parroquia recoge con frecuencia dentro de sus amplias naves una gran concurrencia de fieles. Viajeros que pasan por Eibar en los días festivos y asisten a ciertas misas quedan muchas veces sorprendidos de lo que ven, y aquí está tal vez la explicación de ciertos juicios halagüeños en exceso, porque el espejismo que ejerce la visión de una muchedumbre nos hace olvidar la otra masa que queda fuera.

Esta parroquia, ademas de tener un año bien poblado de novenas, triduos y distintas solemnidades que mantienen en constante actividad al núcleo piadoso de la feligresía, organiza anualmente distintas semanas de ejercicios espirituales para todas las edades y sexos (ejercicios muy concurridos por cierto); semana para niños jóvenes de ambos sexos y semana para casados con horas y actos distintos para cada condición y estado.

Esta vitalidad parroquial se refleja en el número de comuniones que el año pasado —por citar alguno— llegó a 99.200 sólo en la parroquia; en la generosidad tan admirable de esta tan «saqueada» feligresía que, con su óbolo pequeño pero constante, ha contribuido a la obra de las Escuelas Católicas con 4.063,95 pesetas hasta la fecha; a la obra de las misiones con 1.975 el último año; a la restauración del Santuario de Arrate con 39.000 pesetas y para la educación cristiana de la juventud entre el colegio viejo y nuevo en estos doce años con 127.508 pesetas; en que cubrió con creces la primitiva asignación de la cantidad correspondiente al dinero del culto y clero de 15.000 pesetas y sigue cubriéndolo en la actualidad de 19.000 pesetas. Todo esto refleja indudablemente generosidad e inquietud religiosa; ello revela sin duda un importante aspecto de la vida cristiana en este pueblo donde no todo ha de ser sombras; vitalidad que podemos ir viendo a través de sus organizaciones parroquiales.

Al hablar de éstas, comenzaré por la que es base y fundamento de la vida cristiana, por la del catecismo.

Durante el curso pasado han recibido instrucción catequística en los diversos centros (Parroquia, colegios, Málzaga) unos 1.105 entre niños y niñas.

El catecismo es diario alternando los días entre niños y niñas, siendo ayudados en esta ardua labor los sacerdotes por un plantel de 62 señoritas catequistas, a las que es de justicia rendir desde estas líneas, ante toda la Diócesis, el agradecimiento profundo de la parroquia de Eibar por su benemérita y desinteresada ayuda y abnegación.

El censo escolar, y por lo tanto el que debiera ser censo catequístico, es de unos 2.000; si sólo se mira, pues, a esta cifra, el número de niños que viven alejados del catecismo es grande. Pero creo que este número no es el verdadero por lo que voy a decir. A pesar de cuanto se insiste y de la campaña que se hace anualmente en pro del catecismo, existe una gran desidia en muchas familias y padres en este punto; sólo muestran alguna preocupación el año en que sus hijos han de hacer la comunión solemne, que en esta parroquia tiene lugar a los once años. Para muchos, por lo tanto, el estudio del catecismo se reduce justamente a ese año. La cifra de los que cada año hacen su comunión solemne es 180 o 190. Partiendo pues de esta cifra, se puede afirmar que el número de los que se quedan sin instrucción religiosa en absoluto sera un 28%.

A la sombra del catecismo funciona la Mutualidad Catequística que, fundada hace ya dieciséis años, cuenta ya con 1.484 mutualistas con un capital de ahorro hasta junio último de 448.979 pesetas.

Congregaciones

Existen la de Hijas de María (950), Jóvenes de la Inmaculada (350), ambas con su sección de aspirantes para menores de quince años, bajo el patrocinio de la Santísima Virgen de Arrate, con sus cultos mensuales; Apostolado, Adoración, Tarsicios, Madres Cristianas con su sección de beneficencia domiciliaria que lleva repartidas desde su fundación (abril de 1924) 27.121 pesetas a familias pobres y niños del catecismo.

Tal vez parezca exigua esta cifra, pero advertiré que en Eibar no existen «socios ilustres», no hay grandes donativos, toda la actividad parroquial tiene que moverse premiosamente a base del simple perro chico.

Cumplimiento pascual

No es fácil establecer una proporción exacta del cumplimiento pascual. El eibarrés es por temperamento hostil y reacio a toda ordenación y disciplina. Aun en el orden material este individualismo, una verdadera anarquía industrial y comercial, causa en parte de las dificultades por que ha atravesado a menudo su economía, ha sido siempre la característica de este pueblo.

Aunque se ruega y se encarece que entreguen todos la cédula del cumplimiento, son bastantes los que no llenan este requisito que nos podría servir de índice exacto. Sin embargo, compulsando y estudiando todos los datos a este efecto, se puede afirmar que el cumplimiento pascual en Eibar se acerca en conjunto a un 60%: 40% de varones y 70-5% de mujeres. Como se ve, de las cifras de asistencia al catecismo a las del cumplimiento pascual existe bastante diferencia, y es que la edad postescolar es el gan escollo en que naufraga la juventud eibarresa, abandonando poco a poco las prácticas religiosas y hasta sus mismas creencias.

Causas de este abandono religioso

Aparte de las generales y que concurren en todas partes, citaré algunas que particularmente influyen en este pueblo.

1ª. La influencia verdaderamente tiránica que ejerce la Casa del Pueblo que es la que controla aún la vida de esta ciudad; el socialismo eibarrés es casi exclusivamente anticlericalismo y sectarismo: su propaganda, que ha sido intensa, sus mítines, conferencias, hojas, etc., rezuman siempre ataques a la Iglesia y sobre todo a su Jerarquía.

2ª. Esa especie de influencia átavica que es el lastre del que aún no se desprende definitivamente el eibarrés, aunque habrá que reconocer que en ello se ha avanzado bastante; me refiero a la presión que ejerce aún el pasado liberal que ha venido a desembocar en el actual socialismo.

3ª. La ausencia total de vida familiar; en Eibar apenas existe autoridad paterna, «la democracia y la igualdad» han llegado hasta lo íntimo del hogar; en él, cada cual vive su vida, más de fonda que de hogar. La casa sólo para la satisfacción de las necesidades físicas; fuera de eso todos se lanzan a la calle, a la taberna, al café, al centro político o al cine; así diariamente, en turbia promiscuidad de sexos hasta muy avanzadas horas de la noche, con funestas consecuencias para la moralidad y religiosidad.

4ª. El carácter de capitalidad que tiene este pueblo respecto a los de su contorno, por el que atrae a sí la juventud libertina de otras localidades que aquí, libre de la presión del ambiente de sus pueblos, viene a dar rienda suelta a sus desahogos en espectáculos, bailes y casas de lenocinio.

Además de estas, para resumir: el rendimiento abundantemente lucrativo durante muchos años de la industria armera que trajo consigo un aumento de vicios: la auto-suficiencia característica del eibarrés, lo que se denomina gráficamente «satisfacción», que reune en sí el alto concepto de propia suficiencia con el bajo nivel general cultural de este pueblo. Un dato bien elocuente: en los últimos 25 años escasamente llegan a una docena los hombres que han hecho una carrera, y Eibar cuenta alrededor de los 14.000 habitantes: ignorancia, presunción, inmoralidad, campo abonado a la propaganda antirreligiosa.

Ahora bien, ¿qué podría hacerse para dar más eficacia a la labor de su recuperación espiritual?

Contando con medios para ello, combatir en su mismo terreno los resortes en que apoya su eficacia la propaganda antirreligiosa: la ignorancia religiosa y la inmoralidad ambiente, dotando a este pueblo de centros de enseñanza católica y de un cine moral.

Existen dos colegios: uno para niños y otro para niñas con una matrícula de 250 niños y 150 niñas, donde se da desde la enseñanza elemental hasta el bachillerato y comercio, cuya influencia se viene notando en la juventud eibarresa, a pesar, claro está de las inevitables defecciones.

El colegio de niños es un hermoso edificio de nueva planta, admirablemente orientado y distribuido; edificado sabe Dios a costa de qué sacrificios, esfuerzos y combinaciones, desenvolviéndose siempre dentro del estrecho marco de las posibilidades económicas de las familias de los colegiales: mediante suscripción de obligaciones amortizables de 250 pesetas sin interés; recurriendo a hipotecas sobre el mismo edificio escolar, gracias al esfuerzo, tenacidad y celo nunca suficientemente agradecidos del Sr. Párroco y Junta Propulsora de la Enseñanza en favor de la educación religiosa de nuestra juventud.

Porque Eibar, habrá que decirlo, no es tan afortunado como otros pueblos de menores necesidades en este aspecto, que, sin embargo, han encontrado Mecenas generosos que los han dotado espléndidamente de escuelas católica; aquí todo se ha de hacer merced a propios recursos, merced al constante desembolso de la perra chica.

Por eso, si se contara con medios de dotar a este pueblo de varias escuelas católicas y sobre todo de poder ampliar el colegio actual en forma que pudiera acoplarse a él una especie de escuela de Artes y Oficios al estilo salesiano, donde se pudiera enseñar la mecánica y ajustaje que hoy lleva tantos jóvenes a la Escuela de Armería, creo que sería de gran utilidad para la conservación de nuestra juventud.

Digo otro tanto respecto al cine: es este un elemento altamente desmoralizador y descristianizador en Eibar; elemento que está haciendo verdaderos estragos en nuestra juventud y no hay dique posible a contener la desbordada pasión con que hoy arrastra este espectáculo derivativo.

Si se pudiera contar con un salón amplio, adecuado y con un confort ventajoso respecto los demás donde se dieran programas atrayentes y de altura, pero controlados por personas de probada solvencia moral, se podría conseguir mucho.

He aquí expuesto a grandes rasgos el panorama religioso eibarrés. ¿Sombrío? ¿más despejado de lo que se creía? Lector amable: yo me he limitado a ser mero cronista de la realidad.

Mateo de Uriarte

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El contenido completo de este número de la revista Idearium puede encontrarse en los siguientes archivos digitales de la Fundación Sancho el Sabio (el artículo aquí reproducido se encuentra en el segundo archivo): PDF1 y PDF2.

Para una contextualización de la revista Idearium es imprescindible referirse al siguiente libro de Antonio Rivera y Javier de la Fuente, en donde se encuentra el texto íntegro de este y otros artículos que analizan el estado social y religioso de algunas poblaciones vascas en los años 30 del siglo XX.

Modernidad y religión en la sociedad vasca de los años treinta: (Una experiencia de sociología cristiana: Idearium) [Introducción y selección de] Antonio Rivera y Javier de la Fuente. – Bilbao : Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea, 2000. – 316 p. ; 20 cm. – (Clásicos Sociales Contemporáneos, 3). – ISBN: 84-8373-268-8.

Dos reseñas

Tout est pardonné

ARTÍCULOS

Cuanto más observo la portada conmemorativa del semanario Charlie Hebdo más me incomoda y más me gusta. Diecisiete personas asesinadas (diez periodistas de Charlie Hebdo, dos agentes de policía que custodiaban la revista, una policía municipal en París y cuatro rehenes de un supermercado de comida kosher, por ser judíos) por tres combatientes islamistas finalmente abatidos por la polícia. Y tras esta masacre, Charlie Hebdo, el Journal Irresponsable, lanza un número especial de tres millones de ejemplares con el título de «Todo perdonado». Nunca se me ha atragantado tanto un sarcasmo.

Un Mahoma de retrato policial, cariacontecido, con cierta mirada de pánico, derrama una lágrima y exhibe, en lugar del número carcelario, el salvoconducto del perdón: «Je suis Charlie Hebdo». Con esa lágrima y con otras tantas, como las exhibidas por algunos de los dirigentes políticos que se manifestaron en Paris, Rénald Luzier «Luz», el humorista que se salvó de morir el día del atentado por llegar tarde al trabajo («Al que madruga, Dios le ayuda», o sea) podría haber llenado un lacrimatorio del tamaño de una piscina olímpica o dedicarse a elaborar un perfume parisién, Ô de Manifestation, con toques de vainilla, tabaco y aromas de indignación sin ira y de je suis désolée.

Sin embargo, ante el acongojado profeta símbolo del Islam (Sumisión), lo que queda de Charlie deposita una frase irreprimiblemente cristiana, todo está perdonado, colega, que tú también eres Charlie, como si pusiéramos a cero el marcador tras la comunión con la rueda de molino. (Hay que descartar rotundamente la interpretación de que pueda ser el Redactor Jefe Mahoma quien perdone las blasfemias de los humoristas ya definitivamente muertos o les convalide los cien latigazos prometidos por no haberse muerto de risa).

Todo perdonado. Suena a oración. A expiación de los pecados propios y a comprensión de los ajenos. Es el momento propicio para decir algo así y Charlie sabe que en esta ocasión hay que tragarse el sapo, aunque también sabe que si existiera un más allá (que no existe) los caricaturistas asesinados estarían revolviéndose en sus tumbas.

No habrá perdón ni olvido. No ocurrirá como en España. Continúa la eterna guerra contra el cretinismo (que seguiremos ganando) y Houellebecq hará muy bien en presentar con todos los honores su próxima novela, Sumisión, para que se atragante en el gaznate de los imbéciles y la vomiten los tibios.

[Publicado el 14/01/2015 en ÇHØPSUËY FANZINË ØN THË RØCKS]

Contra los gilipollas

ARTÍCULOS

«En primer lugar —y por eso lo pongo al principio del texto— quiero dejar claro que me parece repugnante y salvaje y blablablá blablablá el atentado perpetrado en la revista satírica Charlie Hebdo en París y blablablá blablablá porque nadie como yo defiende la libertad y blablablá blablablá por eso condeno enérgicamente blablablá blablablá y resalto mi compromiso con la libertad de expresión y blablablá y blablablá pero…

Pero, no me identifico con la versión caricaturesca y humillante que estos dibujantes han perpetrado durante años contra el islamismo, el cristianismo, el judaísmo, el budismo, el sindicalismo, el feminismo, el imperialismo, el papanatismo, el agroturismo, la homosexualidad (y el lesbianismo), la aromaterapia, la clase obrera, el Papa de Roma, la OTAN, Le Pen y los neonazis, Israel, USA, el Che Guevara, los jóvenes tontosdelculo, los follacabras, mi partido político, las mujeres con burka, la corrupción, la energía nuclear, Marx y El Capital, los museos, los escritores, la banca, mi presidente del gobierno, las marujas, los hinchas de fútbol, mi bandera, el rock’n’roll, mi nación, la música celta, mi himno, el rock sinfónico, las películas del Señor de los anillos, la merluza en salsa, el whatsup y así sucesivamente y así sucesivamente y así sucesivamente. [TÁCHESE LO QUE NO PROCEDA].

Porque no todo vale, ni toda crítica blablablá blablablá y el humor no debe ofender y con su actitud despectiva estos dibujantes se han aliado blablablá blablablá contribuyendo a la espiral de represión blablablá blablablá al crecimiento de la reacción blablablá blablablá. Por eso reitero mi compromiso con la libertad de expresión, condeno este atentado execreibol e intolereibol blablablá pero el que siembra vientos recoge tempestades y quien ríe el último ríe mejor».

Más o menos, aunque con tono más solemne y por tanto más patéticamente cómico y trágicamente risible, hemos tenido ocasión de leer algunas pseudocondenas de los asesinatos de París. Vendrán más. Han brillado con luz propia carlistones navarros, dinosaurios paleocastristas, histerofeministas y, en general, creyentes a tutiplén.

Qué panda de hipócritas. Deberían haber abierto el champán o el anís del mono. O por lo menos haber cerrado el pico, que es más elegante.

Pero los muy hipócritas no pueden. Los hipócritas necesitan hacer constantemente publicidad de su propia valía y fingir lo conveniente y hacer alharacas de ostentación moral para ganar prestigio. Los hipócritas tienen que exhibir como propios los comportamientos, las ideas, los sentimientos y hasta las creencias y opiniones ajenas que consideran tendencias sociales triunfantes para invertir en su propia reputación y hacerla crecer por capilaridad como aumentan de volumen las compresas en contacto con los líquidos. A estos hipócritas les importa muy poco la libertad de expresión, salvo la suya, y cerrarían el pico a todos los que les llevan la contraria, pero tienen que adaptarse al medio. Propagan el discurso dominante, para integrarse con éxito en la comunidad moral e ideológica, adocenándose para poder homologarse, y por eso les molesta tanto que unos dibujantes anarquistas, incrédulos, cachondos, burlones e insolentes se partan de risa con las tonterías que se ven obligados a decir un día sí y otro también. Les han dolido durante todos estos años las risas como si hubieran sido bofetadas. Y les han dolido porque provenían de unos individuos que no les tomaban en serio, que se reían de sus hábitos o de sus corbatas o de sus coches de lujo o de su puño en alto o de su himno o de su camiseta o de su gin-tonic con bayas o de sus rezos o de sus burkas o de su kalashnikov de mierda.

No les tomaban en serio. Tomaban sus contradicciones, nuestras contradicciones, y nos las pasaban por el morro, y se mofaban, y se burlaban, y se cachondeaban, y sus risas atronaban hasta tal punto que de vez en cuando algún imbécil montaba en cólera, lo que aumentaba las risas generales y propagaba más la burla.

Ahora, los más espesos entre los obtusos se afanan en encontrar conjuras y les acusan de todo, de tantas cosas y tan contradictorias que no merece la pena ni pensar en ello. No han entendido nada. Su cruzada era contra la idiotez. Se reían de todo, pero principalmente de la gilipollez y de los gilipollas. Y les han acabado matando dos de ellos, islamistas, para que lloren lágrimas de cocodrilo vastos y bastos rebaños de gilipollas.

[Publicado el 10/01/2015 en El Diario Norte]