virginidad

En las culturas fosilizadas, integridad del himen de una joven intercambiable por dote económica en el momento del matrimonio. Culturas algo más sofisticadas reemplazan la telilla por una representación simbólica de gasa blanca, el vestido de novia. Para mantener el valor del comercio futuro, las culturas humanas más abstrusas convirtieron la virginidad en sagrada asociándola a la pureza y a la virtud, y haciendo depender el honor de la familia de la preservación de una membrana. La virginidad no debe confundirse con la castidad, o castración simbólica destinada a reprimir los apetitos sexuales, que ha tenido un éxito notable en las órdenes religiosas de pedagogos. La virginidad es una creación cultural dañina que, despojada de trascendencia, apenas se consume en un suspiro. Hay algo enfermizo en los cerebros que conciben como raro lo natural y como impuro y asqueroso lo sexual. Estas estupideces, adornadas como tradición, religión y cultura, envenenan a los inocentes y son culpables de buena parte del sufrimiento humano.

change.org

Protestódromo virtual que unifica tres grandes avances del siglo XX: la manifestación como exhibición pública de poder y descontento; el tontódromo, o circuito de paseo ciudadano para ver y ser visto; y el sillón de orejas para la tele, síntesis de seguridad, confort y entretenimiento. El futuro de las protestas ya está aquí, ¡y sin porras ni balas de goma! Si el señor Mark Zuckerberg se pusiera a ello —o decidiera contratarme para que le nutriera de ideas— podría incorporar un applet a Facebook que conectara con Change.org: Me gusta la protesta, Seguir la protesta, Comentar la protesta, Compartir la protesta. Un contador permitiría evaluar el ansia de los manifestantes en pantuflas por cambiar el mundo, aunque fuera virtualmente. Sólo aquellos que alcanzaran como mínimo las seis cifras podrían presidir las asociaciones de vecinos o presentarse a ser elegidos como concejales. A los que alcanzaran cifras millonarias se les construiría un altar en donde se podrían encender velas. Virtuales.

escándalo

Indignación publicitada y enfática acompañada de abundante perifollo retórico y pantomima gestual. Es un producto típico de la sociedad de la información y el entretenimiento. Para funcionar necesita tres elementos: una información ocultada, un informante que se finge virtuoso y un público de hipócritas haciendo aspavientos. El escándalo sucede a grandes revelaciones increíbles: ¡una agencia de espionaje, oh, espía!; ¡un ejército, ay, mata!; ¡un banquero se queda, eh, con el dinero!; ¡una peña de ultras futboleros es, oé oé oé, racista!; ¡la gente, ah, se droga! Si se cuida el tiempo de cocción genera titulares, columnas y tertulias que a su vez pueden generar nuevos escandalitos. El escándalo es la espuma de la noticia, pero suele ser conveniente que cuando baje la espuma se vean los datos fríos e incontrovertibles que dan forma a la verdad. Si no, el público se siente estafado y opta por otras formas de entretenimiento.