Un vistazo

Los compromisos editoriales me han obligado a restringir el acceso a las entradas del Diccionaro. ¡A ver cómo vamos a vender el libro bellamente editado por Trama Editorial si todo el mundo puede leerlo aquí! No obstante, les dejo algunos ejemplos de lo que pueden encontrar en sus páginas y una breve entrevista de Uxue Igartza cuyas respuestas creo que explican bastante bien en qué consiste este libro.


—¿De qué trata el libro?
—Es un diccionario con definiciones humorísticas, irónicas y sarcásticas. Mi objetivo es hacer reír al lector o cabrearlo. O despertarlo de la siesta. Defino las palabras con la intención de llevar la contraria a la opinión común, que me aburre. Un ejemplo, «aromaterapia: técnica místico terapéutica que si bien no cura a los tontos al menos hace que huelan bien». Otro, «funeral: ceremonia en la que se despide a un difunto embalsamando su recuerdo con mentiras».
—¿De dónde surge la idea?
—El tratamiento del libro no es original. Sigue el camino iniciado por Ambrose Bierce que publicó en diversos periódicos americanos un lexicón durante más de 20 años. Se recopiló en 1911 con el nombre de «Diccionario del Diablo». Lo leí por primera vez en 1986 y me pareció deslumbrante. Yo he tratado de ser más conciso, más seco y menos cínico que Bierce, aunque no menos amargo.
—¿Cómo se entiende eso de hacer una autocrítica (y no una crítica) a alguien?
—Es un chiste comunista que creo haberle leído a Jorge Semprún. El comunismo siempre ha presumido de hacer autocrítica. Tanto el estalinismo como el maoísmo han obligado a los camaradas desafectos a confesar en público sus «desviaciones» antes de someterlos a «depuración» o «reeducación», frecuentemente en campos de trabajo en donde caían como moscas. Cuando un camarada te invita a hacer una autocrítica lo más sensato es huir lejos, preferiblemente a otro país. Claro que eso no garantiza nada. Trotsky huyó de la Unión Soviética a México, lo que no impidió que el camarada Ramón Mercader lo depurara por orden de Stalin clavándole un piolet en la nuca. Yo no pretendo ser tan salvaje, pero hago autocrítica de nuestras creencias, tópicos y costumbres, que también son las mías. Franz Kafka decía que los libros que merecen la pena deben golpearnos con la fuerza de un puñetazo en el cráneo. Yo no aspiro a tanto, si acaso a alguna bofetada.
—¿Qué palabras aparecen en el diccionario? ¿Por qué las has elegido?
—La mayor parte de las palabras están relacionadas con la cultura, la política, las costumbres, la religión, las creencias, la economía, las modas y, en general, los tópicos. No merece la pena explicar qué es un lapicero pero sí qué un «vidente es un individuo con la pasmosa habilidad de adivinar el futuro y detectar a los idiotas, aunque en orden inverso». Elijo las palabras para explicar cosas que, a pesar de ser evidentes, no suelen explicarse así. La vida social tiene bastante de estafa y alguien tiene que meter el dedo en el ojo del confort general. Yo lo hago por vocación, me han fabricado así.


ALGUNAS ENTRADAS DEL DICCIONARIO PARA ENTENDER A LOS HUMANOS

autocrítica. Auto de fe comunista en el que se reprende amablemente a un camarada por sus desviaciones antes de someterlo a purga o reeducación (en inglés, torture). Cuando un correligionario dice «camarada, te voy a hacer una autocrítica» lo sensato es huir. A otro país.

agnosticismo. Apatía metafísica. Se manifiesta ocasionalmente como un ateísmo sin convicción y, más frecuentemente, como un teísmo abúlico, del modelo panteísmo gaseoso, que se caracteriza por ser confortable y no exigir compromiso litúrgico ni económico. Como postura filosófica, es el equivalente a reemplazar el queso por el tofu. A los agnósticos se les entierra siempre en terreno sagrado, por si acaso están equivocados y hay resurrección de los muertos.

birrete. Gorro extravagante, rematado con borla, que completa la vestimenta arcaizante y absurda con la que las autoridades académicas enfatizan el anacronismo de sus usos y costumbres. Se usa también en los Juzgados, para que los delincuentes puedan identificar bien a los empollones de los que se burlaron en la escuela y ahora van a meterlos al trullo.

comunismo. Doctrina política, económica, social y revolucionaria que promueve la supresión de la propiedad privada, del individuo, de la acumulación de capital, de la división del trabajo, de las clases sociales y, finalmente, del Estado, con el objetivo de distribuir equitativamente toda la pobreza que genere.

demócrata. Partidario de elegir a las personas que han de decidir qué cantidad de dinero se extrae en forma de impuestos de su sueldo y patrimonio. Frente a las evidencias en contra, el demócrata sostiene la creencia de que el poder reside en el conjunto de la sociedad, que está formada por individuos libres e iguales ante la ley, y que las relaciones sociales y los conflictos de intereses han de resolverse mediante mecanismos contractuales que fomenten la solidaridad e inhiban la violencia. Es especie endémica que se reproduce poco, pues la mayor parte de sus crías o son infecundas o hibridan con especies más resistentes y menos idealistas de costumbres caníbales.

europarlamentario. El concejal que sabía inglés.

fascismo. Movimiento político totalitario nacionalista, militarista, antidemocrático, antiliberal, anticomunista y antihumanista que desprecia al individuo y alaba a la masa. Gusta de las lineas rectas y los culos prietos, y prefiere la trompetería a los adornos del violín. Su propuesta intelectual más notable es el sometimiento de la razón a la voluntad por lo que, lógicamente, hoy sólo prolifera en los estadios de fútbol.

funeral. Ceremonia en la que se despide a un difunto embalsamando su recuerdo con mentiras.

identidad cultural. Tufo a ritos y costumbres que se excreta para ser identificado por la manada propia. Sólo funciona en las distancias cortas. A partir de los 10 metros puede reemplazarse por una camiseta de fútbol.

medicina. Ciencia dedicada a la administración de la salud humana. Se distinguen dos escuelas: la paliativa, que trata de extirpar la mayor cantidad de dinero del paciente antes de que muera, y la preventiva, que parte de la ingeniosa idea de extraer el dinero del paciente antes de que enferme.

neoliberalismo. Utopía socioeconómica antihumanista que predice que si el Estado se limita a regular el tráfico los tiburones se volverán vegetarianos y los gorriones pesarán cien kilos. Todos los experimentos realizados hasta la fecha han dado como resultado la proliferación de tiburones con más dientes y la aparición de gorriones transparentes y sin plumas.

psicología. Ciencia de los procesos mentales humanos que compite con la religión en la producción de charlatanes y corrientes doctrinales.

soberbia. Sobrevaloración de uno mismo a la que se llega por la proliferación de idiotas.

utopía. Representación ideal de una sociedad en donde todo funciona pero no apetece vivir debido a la altísima concentración de tedio, mediocridad y moralina.

zanahoria. 50% máximo de la dieta equilibrada prescrita a un imbécil.