Una entrevista

[ENTREVISTA PUBLICADA EN EL BLOG ‘LAS CINTAS DE ALBERT’ EL 28/01/2014]

Como el alienígena que Eduardo Mendoza hizo aterrizar en la Barcelona de 1990 en “Sin noticias de Gurb”, Perroantonio examina lo que encuentra a su alrededor, toma cumplida nota e informa de sus observaciones en su “Diccionario para entender a los humanos”, transcrito hasta ahora en su blog Pregúntale al Perro. Les aconsejo visitarlo cuando se sientan especialmente indulgentes consigo mismos, porque muy probablemente si lo hacen con otro ánimo, la admiración por la lucidez del autor y las carcajadas se tornarán en cierta desazón y en risas congeladas más temprano que tarde, justo en el instante en que cada uno de ustedes se vean también retratados en alguna de las entradas del Diccionario. A diferencia del inocente alienígena de Mendoza, Perroantonio transcribe sus apuntes del natural con el lápiz en una mano y la ironía en la otra. El resultado es una afinada sátira de letra clara que —no teman los espíritus sensibles— nunca se desliza hacia el escarnio o el cinismo, aunque obviamente esa valoración depende precisamente de la sensibilidad, la vanidad o los prejuicios de cada cual. Hay otra poderosa razón para repasar ese Diccionario: aprovechen ahora que pueden hacerlo gratis, porque la intención confesada de su autor es editarlo en un libro, que será el tercero de su mano tras dos anteriores volúmenes de poesía. Mientras tanto, pueden leerle también periódicamente en sus columnas, escritas bajo el título Menos lobos en eldiarionorte.es. Nada más que añadir por mi parte, porque en su blog el autor se presenta a sí mismo y al Perro que lleva dentro y prologa su “Diccionario para entender a los humanos”. No se pierdan esa presentación y ese prólogo. Perroantonio dice Pregúntale al Perro y un servidor le toma la palabra. Lean sus respuestas y comprueben que la idea de compararlo con un extraterrestre no es desatinada: él mismo confiesa que en ocasiones hace esfuerzos para que no lo tomen por tal.

¿Está satisfecho con su blog?
Nunca estoy satisfecho de nada. Una veces creo que las entradas son flojas, otras que los comentaristas no se esfuerzan, otras que son tan buenos que no sé qué hago dando lecciones y poniéndome estupendo… Siempre creo que al blog le falta algo y, si no fuera tan enfermizo, cambiaría su diseño todos los meses. Supongo que, en realidad, lo que me gustaría es estar haciendo una revista. O dos.

¿Prefiere leer o escribir?
No creo que sea posible escribir sin leer. Por preferir, preferiría dedicarme a la ebanistería o a pasear. No soy un gran lector y soy poco disciplinado, así que leo sin orden y escribo sin concierto. Además lo hago básicamente por divertirme, sin pretensión de trascendencia. Tuve una novia que a los 17 años me dijo que era demasiado intenso y trascendental. Desde entonces me esfuerzo por ser cada día más frívolo, pero no sé si he conseguido avanzar mucho. Definitivamente prefiero escribir; más que nada porque me obliga a pensar.

¿Participa en redes sociales de internet? ¿Qué opinión tiene de ellas? ¿Cree que acabarán con los blogs?
Tengo cuentas en Facebook y Twitter. La de Google+ he dejado de alimentarla porque me daba la impresión de encontrarme en una gran habitación vacía. Al resto no le presto demasiada atención.

Las redes sociales son útiles para encontrar y para que te encuentren. Sus grandes ventajas son la inmediatez y la posibilidad de interactuar simultáneamente con mucha gente con la que difícilmente podrías coincidir en el mundo real.

Twitter es, en principio, deslumbrante. Sus limitaciones hacen aguzar el ingenio y la gente parece extraordinariamente lista e ingeniosa. Siendo, además, un medio en donde sigue campando el anonimato, triunfan también los maledicentes. Es el lugar ideal para el cotilleo. Yo lo uso para ofrecer contenidos y rehúyo discutir en el formato de 140 caracteres. La verdad es que he tenido la suerte de caer en un entorno bastante inteligente, con gente a la que ya había tratado en los blogs.

Facebook es distinto. Cuesta acostumbrarse a la falta de músculo reinante. Al principio estaba frecuentado por un público más infantil, pero últimamente noto cierto movimiento intelectual, quizá porque está siendo tomado por los blogueros. A diferencia de Twitter la gente comenta con su identidad y, en muchos casos, ofreciendo mucha información personal. Quizá por ello las intervenciones son más respetuosas. Me parece un buen canal de comunicación.

No creo que Facebook vaya a reemplazar a los blogs, en donde es posible tratar los temas con más profundidad y permanencia. Las redes sociales son demasiado voraces. En todo caso, mi valoración es positiva. Como todo, los resultados varían en función de tu actividad, de tu actitud personal, del esfuerzo empleado y de encontrar a personas que sean buenos cicerones y te enseñen; si no, las primeras experiencias suelen resultar decepcionantes.

¿Consulta las estadísticas de su blog? ¿Le influyen la cantidad o el contenido de los comentarios?
Sí, claro. Yo escribo para que me lean. Nada más frustrante e insano que escribir para uno mismo. Pero tampoco me obsesiono. Escribo a distintos niveles y para distintos públicos, así que hay temas y formatos para los que me conformo con 20 lectores y otros en los que me cabrea que sólo haya 300.

Con los comentarios ocurre lo mismo. Hay muchas variables que no se pueden controlar, así que lo mejor es no obsesionarse. Que haya buenos comentaristas estimula y obliga a estar a su altura. Por el contrario, si el blog se llena de palmeros e invertebrados es mala señal. A los trolls, a los obsesivos y a los maledicentes hay que darles puerta rápido porque crean dinámicas de grupo perniciosas; sin contemplaciones.

¿En su caso, qué correspondencia hay entre la persona “real” y la que escribe en internet? ¿Le preocupa de algún modo esta cuestión?
No creo que haya mucha diferencia. Es cierto que el blog produce un efecto “engorilante” y una tendencia marcada a la agresividad y al énfasis. Es normal. La gente dialoga sin verse las caras y los textos no tienen el apoyo de los gestos conciliadores o las sonrisas. Yo creo ser en el mundo real un individuo con bastante buen humor, muy escéptico y bastante tocapelotas; defiendo mis argumentos con vehemencia y convicción y suelo tener prisa por llegar al capítulo de conclusiones. Hay gente que me considera arrogante y agresivo, aunque me comporto siempre con amabilidad.

Pues bien, creo que la diferencia es que en internet no siempre me comporto con amabilidad. Suelo practicar, además, un estilo de escritura directo, irónico y, ocasionalmente, bronco.

Pero esto es simplificar en exceso. Hay muchas personas dentro de una misma persona y, desde luego, muchos personajes dentro de un nick de internet.

¿Cuál diría que es el rasgo principal de su carácter? ¿Qué imagen tiene de sí mismo?
Todos mis rasgos son secundarios. No practico la introspección.

¿Qué tipo de impresión cree que produce a primera vista en alguien que acaba de conocerle? ¿Cree que, en general, cae bien o mal a la gente?
Tampoco me gusta la exhibición emocional. Pero no suelo ser grosero ni antipático.

¿Podría citar la alineación habitual de la selección española de fútbol? ¿Sabe cómo se llama la actual esposa de David Bustamante?
Si me empeño, podría acertar ocho o nueve nombres, pero no es mérito mío; es imposible huir de la futbolización de la vida cotidiana.

Tengo dificultades para saber como se llaman el 90% de las parejas de mis amistades. Espero que David Bustamante sepa disculparme.

¿Está al tanto de la actualidad? ¿Por qué medio suele enterarse de las noticias?
Leo periódicos. La llamada actualidad es una forma de entretenimiento que desde hace algún tiempo me aburre en exceso.

¿A qué personaje público vivo diría que admira y a quién detesta?
No puedo responder a esto. Mi punto de ebullición emocional es muy alto. Me cuesta admirar o detestar. Normalmente me limito a observar.

¿Qué tipo de imágenes le hacen apartar la vista del televisor?
Las caras de los tertulianos, las jetas de los periodistas de cotilleos, el rostro estólido de algunos indeseables, las imágenes tremendistas de la información meteorológica… O sea, lo normal en una persona con escrúpulos.

Si lo que me pregunta es si me dan asco las imágenes de escarabajos, serpientes o vísceras, la respuesta es no. Tampoco me conmueven las imágenes documentales del sufrimiento. Estoy muy entrenado para no dejarme emocionar. No hice la mili, pero fui jefe de escuadra en un campamento infantil; es una experiencia que curte.

¿Qué titular le gustaría leer mañana a cinco columnas en la portada de todos los periódicos? (No ideal, sino posible y adecuado al tiempo y el mundo que vivimos).
Las autoridades sanitarias autorizan la producción masiva de carne sintética.

¿Es partidario de la intervención militar por parte de los países occidentales en conflictos donde se vulneran derechos humanos?
Depende. No tengo principios absolutos sobre esta materia (ni sobre ninguna). Se trata de evaluar bien los costes, beneficios y perjuicios de la intervención. Beneficios para todos, incluidos los contendientes; no sólo beneficios para el invasor. Lo que me resulta intolerable es permanecer de brazos cruzados ante las masacres.

¿En qué casos hipotéticos justifica o comprende una insurrección armada?
En los casos de vulneración sistemática de los derechos humanos.

“Es hora de refundar el capitalismo sobre nuevas bases éticas. Los poderes públicos deben regular el sistema financiero internacional” (Nicolas Sarkozy, septiembre de 2008). ¿Qué opinión le merece esa declaración?
Favorable. Aunque preferiría que se hiciera desde “viejas” bases éticas. Ya está todo inventado.

Política, social, económicamente, ¿a qué país del mundo le gustaría que se pareciese España?
Políticamente a Gran Bretaña, socialmente a España, económicamente a Suiza.

¿Es partidario de alguna reforma profunda o sustancial en nuestra Constitución?
Depende del día. Hay días en que me levanto republicano; otros, partidario del despotismo ilustrado; ocasionalmente, jacobino centralista. Pero admiro mucho a Gran Bretaña, que no tiene constitución. En todo caso, no creo que tengamos un problema con el circo montado, sino con las pulgas.

¿Cree que siguen teniendo sentido las expresiones “ser de izquierdas” o “ser de derechas”?
Está usted obsoleto, amigo. Ahora se dice “sentirse de izquierdas” o “sentirse de derechas”. Es mucho más exacto. Así la gente puede sentirse lo que quiera sin que tenga que corresponder necesariamente con su forma de actuar. De hecho pocas veces coincide. Es lo que tienen los sentimientos, que son volátiles.

Desde pequeño mi padre insistió siempre en inculcarme una máxima: “De lo que te digan, no te creas nada, y de lo que veas, la mitad”. O sea, que apenas me creo la mitad de lo que veo y “ser” o “sentir” no me dicen prácticamente nada. Le he leído a Martín Olmos una frase atribuida a un redactor jefe del Chicago Tribune que va en la misma dirección: “Si tu madre te dice que te quiere, verifícalo”. Los hechos, compañero, los hechos.

Yo a la gente le ahorraría esta terrible disyuntiva ideológica por el viejo procedimiento de hacerles iguales ante la ley y ante Hacienda. No hace falta que seas de izquierdas o de derechas, corazón, limítate a pagar tu contribución al bien común y deja de hacer posturitas.

¿Qué delito le parece que no está suficientemente penado?
No lo sé. Al contrario que la población en general y los periodistas en particular, desconozco minuciosamente el Código Penal.

¿Partidos con postulados racistas u homófobos deben tener el derecho de presentarse a las elecciones?
Ya lo tienen. De lo que se trata es de que las leyes impidan que puedan llevarse a cabo políticas de ese tipo. También existen esas leyes. Se trata de aplicarlas.

¿Deben las administraciones hacer esfuerzos económicos y dejar de construir carreteras para garantizar la conservación de especies en peligro de extinción, como el lince ibérico?
Habría que estudiar los casos concretos. En todo caso, no creo que España tenga precisamente escasez de carreteras. Lo que no hay, obviamente, son demasiados linces.

¿En el mundo actual sería lícito, legítimo, conveniente, gastar miles de millones en mandar una nave tripulada a Marte?
No tengo claro que sea conveniente. Lícito y legítimo, desde luego que sí.

¿Cree que la historia del mundo sería otra si el poder hubiese estado mayoritariamente detentado por mujeres?
No lo sé. Y en el caso de que hubiera podido darse el caso, no tengo claro que hubiera sido necesariamente mejor. Pero eso es porque tengo la sospecha de que hombres y mujeres son muy parecidos; hay quien sostiene, incluso, que pertenecemos a la misma especie.

¿Cuál es la mayor diferencia psicológica entre hombres y mujeres?
Ni idea. Yo es que carezco de perspectiva de género. A los individuos los trato de uno en uno.

¿En qué medida se siente identificado con los tópicos habitualmente atribuidos a los varones: vanidoso, competitivo, promiscuo, poco sensible…?
¿En centímetros? Uno.

¿Qué envidia de las mujeres?
Se les cae menos el pelo.

¿Se apasiona con facilidad?
No soy nada pasional. A veces finjo serlo, para que no crean que soy un extraterrestre.

Durante un tiempo, por eso de que practicaba la lírica, hubo gente que me consideraba particularmente sensible, pero eso es hasta que me conocen.

Lo que sí soy es irritable. Y entusiasta. Suelo entusiasmarme con las cosas que me gustan. Y creo que soy capaz de transmitirlo.

Las pasiones son un atraso. Un atavismo mortal.

¿En qué cree a estas alturas? ¿Por qué merece la pena vivir?
En muchísimas cosas. Por ejemplo, en la posibilidad de vivir en una sociedad medianamente justa y confortable. En los placeres de la cultura. En los progresos de la ciencia. En que mejoramos como especie a pesar, precisamente, de los individuos pasionales, irreflexivos y crueles. En el cariño y amistad de las personas que quiero. En las virtudes terapéuticas del paisaje. En la escritura…

No se me ocurre ninguna razón por la que no merezca la pena vivir, salvo, quizá, la enfermedad terminal, el cansancio de uno mismo o el aburrimiento del mundo.

¿Cómo definiría, en general y desde su punto de vista, a “una persona afortunada”?
Alguien que disfruta de los placeres accesibles de la vida.

¿De qué se siente orgulloso?
De haber sido capaz de llegar hasta el final de esta larguísima entrevista sin haber caído en la tentación de mentir demasiado. También de hacer reír a la gente. Disfruto haciendo soltar una carcajada a alguien. Lo cual explica mi éxito con las mujeres, dicho sea de paso.