Credibilidad

Horas antes de recibir la camiseta firmada por la selección española de premios Nobel, el Pope Francisco afirmó que la incoherencia entre lo que dicen y lo que hacen los católicos mina la credibilidad de la Iglesia. Bueno, sí, aunque tampoco lo de los milagros, los ángeles o la Paloma ayudan mucho a fomentar la credibilidad. En todo caso, carissimo Padre, la incoherencia entre lo que se dice y lo que se hace no parece una actitud exclusivamente católica. Tenga en cuenta que las sociedades humanas son muy complejas y a veces hay que acomodarse al paisaje y al paisanaje para que no te fumiguen. No digo que esté siempre bien, que hay cosas que jamás deben tolerarse, pero en general la gente es hipócrita, para qué vamos a engañarnos.

Tampoco es que ser hipócrita a full-time sea siempre algo malo. Eso de fingir en público virtudes, creencias o ideologías que no se tienen para labrarse una reputación y ser aceptado por los demás parece cosa muy conveniente; por ejemplo, si uno es un auténtico cretino. Imagínese usted un tipo que odia a los niños, desprecia a las mujeres, prefiere una dictadura pero de los nuestros y lo que le pide el cuerpo es patear a los perros, insultar a los negros, mear por las esquinas, irse sin pagar del supermercado, cantar a todas horas el himno de su equipo de fútbol y no ceder el paso en el ascensor. A ver, que prefiero que sea poco creíble e hipócrita durante toda su vida en lugar de que libere su yo reprimido y se comporte como lo que es. Que al personal, le dejas manifestar libremente su misma mismedad y tiende a evidenciar lo que ya sospechábamos.

El quid de la cuestión, como siempre, consiste en definir cuáles son esas virtudes públicas por las que merece la pena contener el ánimo y no dejar salir a pasear el lobo interior. Tampoco es para ponerse a pensar ahora. Las religiones y sus primas laicas, las ideologías, ofrecen un pack envasado y precocinado de soluciones para todos los momentos de nuestra vida. ¿Que te echa una bronca el jefe? Recuerda, no matarás. ¿Que al vecino del cuarto le gusta tocar la txalaparta y al del segundo poner a tope discos de Melendi? Recuerda, tolerancia, multiculturalismo, fusión…

Más problema, carissimo Pope, le veo al ajuste de las ideologías, y sus primas beatas las religiones, con el discurrir de los tiempos. Un suponer, con 7.000 millones de población mundial y en medio de la orgía de copulación, ¿es sensato mantener el celibato en el sacerdocio? Porque cuando un cura da consejos para la vida conyugal y familiar nos entra la risa. Y por ahí se pierde el respeto.

Y se pierde también cuando un político, en el legítimo derecho a repetir como un loro su catecismo económico, ofrece como solución a la crisis, y dada la ecuación A+B=C, aumentar un 20% A y un 15% B cuando C se ha reducido un 60%. Los milagros, claro.

Por eso, simpatiquérrimo Francisco, resulta prudente desconfiar de las soluciones que buscan ajustar los comportamientos al discurso, especialmente cuando el discurso está más inmóvil que la momia de Lenin. Los problemas sociales y económicos no se resolverían aunque todos los católicos del mundo salieran simultáneamente a la calle a dar limosna y a trabajar una hora al día por los pobres (si bien es cierto que sería todo un espectáculo). La solidaridad es muy respetable, pero a estas alturas de la película uno prefiere un buen sistema jurídico y normativo que regule estrictamente los derechos y obligaciones de los congéneres y los ponga escrupulosamente en práctica. Porque la virtud o la incoherencia de los paisanos, la verdad, preocupa más bien poco; lo fundamental es que acaten la ley común, cumplan religiosamente con sus obligaciones y paguen sus impuestos por el bien de todos. Eso sí aporta credibilidad.

¿He dicho religiosamente?

[Publicado en El Diario Norte el 19 de abril de 2013]

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