Destruir deleitando

Esa cretinez de que todo en la vida ha de ser una experiencia divertida y lúdica está contribuyendo a la proliferación vírica de la idiocia. Reconozco que me incomoda sobremanera encontrarme a un cura recorriendo las camas de los hospitales para ‘reconfortar’ a los moribundos, pero mucho más desagradable me parece esa visión laica de la tontiloca con bata sanitaria que se aproxima al lecho del enfermo para animarle a afrontar la muerte como la última experiencia emocionante de la vida.

¿Y qué decir de esos músicos o esos payasos que entran en la habitación del viejo o el enfermo —normalmente seguidos de una cámara de televisión— para alegrar su penosa decrepitud? A ver, ¿de verdad os parece honesto convertir el último misterio de la existencia en algo lúdico? ¿Por qué no os vais jocosamente a tomar minuciosamente por el culo?