En cierto estado de bienestar

Veo el anuncio de unas chuletas de lomo de cerdo “con certificado de bienestar animal” y, antes de que me vengan a la cabeza George Orwell y los chistes porcinos, caigo en la cuenta de que no, de que el certificado no está expedido para tranquilizar al cerdo, sino para satisfacer la mala conciencia del carnívoro: te como, pero sufro por ti. Todo muy espiritual, como dicen los cursis.

Esta ola interminable de puritanismo —que como todas las grandes hipocresías occidentales proviene de la olla podrida (pot pourri) suizo-belga-holandesa-escandinavo-anglosajona— ya ha generado etiquetas del tipo “gallina feliz” y “prostituta criada en libertad” o viceversa, y es posible que en un futuro los paisanos podamos lucir una tarjeta de identidad con colores, como los electrodomésticos, que certifique que hemos sido criados en un país que garantiza el bienestar animal de los naturales, como Suecia.