En defensa propia

HACE UNOS años frecuenté con relativo éxito una red social, pero la abandoné por dos razones: la primera, porque me echaron; la segunda, porque no me dejaron volver. Alguien podría pensar que corrompía a los jóvenes, vendía criptomoneda falsa o propagaba basura noticiosa, pero lo cierto es que sólo me dedicaba a la burla y al cachondeo político.

En principio parece una actividad higiénica, pero no suele ser bien recibida por sus víctimas, gentes de convicciones graníticas de monorraíl. Gentes que, en todo caso, hacen muy bien en defenderse, porque hasta el humor blanco y en apariencia inocente de la tarta en la cara tiene sus objetivos y nunca es inocente. Decía Henri Bergson, en su célebre ensayo sobre la risa, que el humorista suele ser un moralista que, a base de disecciones, trata de provocar repugnancia sobre lo risible. Es una visión un tanto feroz e inclemente, pero quizá no sea falsa. Porque el humor es una forma rápida y eficaz de apuntar a lo que va mal, de fijarlo en la memoria de quien se ríe y de convertir lo que no funciona en unchiste de transmisión viral. Es risa, pero también estrategia comunicativa.

El humor es social, busca la risa colectiva, pero tiene impulso renovador: busca modificar la conducta de quien lo sufre y corregir o regenerar aquello que resulta risible. Por eso prolifera el humor político, porque la política, esa zona de conflicto de los intereses, genera arbitrariedad ydesmesura, gesticulación, rigidez y palabrería, territorios fértiles para la sátira. Si, como dijo Henry Louis Mencken, «para todo problema humano hay siempre una solución fácil, clara, plausible y equivocada», la política es como un pararrayos que atrae a los que disponen de soluciones fáciles, totales e inmediatas para todo. Además, considerada no como arte de la persuasión pública, sino de la arenga, la discusión encendida y la indignación permanente (fingida o real, da lo mismo) seleccionan a los ejemplares más cerriles, vanidosos, enfáticos y manipuladores, esos que según Mencken si descubren que algunos de sus electores son caníbales, les prometerán misioneros para la cena.

Como, al contrario que en el boxeo en donde los puñetazos vuelan en ambas direcciones, el humor rara vez cumple la función biyectiva, conviene manejarlo con cautela, para no hacer daño a quien no se lo merece y no puede defenderse. Hay que usarlo en defensa propia, contra quienes se empeñan en amargarnos la existencia.

Publicado en EL MUNDO. Miércoles, 27 de diciembre 2023