«Yo caminaré», Fausto Leali

Lo confieso, soy hijo de la cultura heteropatriarcal dominante. En mi descargo (que para algo he leído a Bruckner) diré que la culpa no es mía: fui bombardeado desde que nací con mensajes que me convirtieron en el monstruo que soy. Con apenas un año, mi padre decidió esconderme aquella muñeca china de la que estaba tan encariñado; temeroso, supongo, de que me afeminara. Para compensar me regaló una pistola, consolidando para siempre en mi cerebro virgen la prevalencia del universo fálico sobre el vaginal. «Tomo hijo, una po… digo una pistola, para que metas… digo mates a alguien». Si se empieza así es muy difícil volver atrás, especialmente si el tobogán es largo y tiene forma de sacacorchos.

No pienso alargarme describiendo mi tormentoso aprendizaje como macho o machín. Sólo decir que culminó, ya en la adolescencia, con el bombardeo masivo de música italiana. Pude resistirme al inglés, que en aquella época era para mí un galimatías indescifrable (como hoy, aunque disimulo) pero el italiano estaba demasiado cerca y, además, hacían versiones en español.

Nadie puede salir indemne de escuchar continuamente «El jardín prohibido» (Il giardino proibito, 1975) de Sandro Giacobbe, que fue número 1 en España en 1976 y era la canción preferida de las chicas del baile. Yo era inocente, pero de tanto oírles cantar «lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo», me hice cínico; de la escuela de Diógenes de Sinope, concretamente.

EL JARDÍN PROHIBIDO

Esta tarde vengo triste y tengo que decirte,
que tu mejor amiga ha estado entre mis brazos.
Sus ojos me llamaban pidiendo mis caricias,
su cuerpo me rogaba que le diera vida.

Comí del fruto prohibido, dejando el vestido
colgado de nuestra inconsciencia.
Mi cuerpo fue gozo durante un minuto,
mi mente lloraba tu ausencia.

No lo volveré a hacer más,
no lo volveré a hacer más.
Pues mi alma volaba a tu lado
y mis ojos decían cansados
que eras tú, que eras tú,
que siempre esa eras tú.

Lo siento mucho, la vida es así,
no la he inventado yo.

Si el placer me ha mirado a los ojos y cogido por mano
yo me he dejado llevar por mi cuerpo
y me he comportado como un ser humano.
Lo siento mucho, la vida es así,
no la he inventado yo.

Sus besos no me permitieron repetir tu nombre
y el suyo sí,
por eso cuando la abrazaba me acordé de ti.

[BIS]

Pero Sandro, al fin y al cabo, se arrepentía; poco, aunque de corazón. Más peligro tenían para mi formación como varón dominante de segundo o tercer nivel (nunca he llegado a macho alfa, supongo que por falta de afición a embestir con los cuernos) otros ejemplos. Como Ricardo Cocciante, al que por entonces llamábamos Richard Cocciante, y su «Bella sin alma» (Bella senz’anima, 1974) que parecía una iniciación al sadomaso emocional.

BELLA SIN ALMA

Y ahora siéntate en esta silla.
Esta vez escúchame sin interrumpirme.
Hace tanto tiempo que quiero decirtelo.
Vivir contigo es ya inútil,
todo sin alegría, sin una lágrima.
Nada que decirte, ni en el futuro.
En tu trampa también he caído.
El amante próximo tiene mi sitio:
¡pobre diablo! ¡qué pena me da!

Cuando te haga el amor
te pedira más y más.
Se lo darás, porque lo haces así.
¡Cómo disimulas! ¡Se te hace cómodo!
Y ahora sé quien eres y no sufro más
y si nada crees, te lo demostraré
y esta vez, tu lo recordarás.
Y ahora desnúdate, como ya sabes tú.
No te equivoques, no me importas tú.
Tú me desearás, bella sin alma.

Aunque para mi aprendizaje la canción definitiva fue «Yo Caminaré» (Io camminerò, 1976) de Fausto Leali, con un mensaje sencillo y bien estructurado que hasta un zoquete podía entender: «yo caminaré, tú me seguirás… yo te sembraré, tú germinarás». Por fín mi vida empezaba a tener sentido.

YO CAMINARÉ

Tu alegría, tu compañía
me harán arder por fin
en el fuego de una idea.

Hombre a medias,
en soledad,
mañana en tu sonrisa
hallaré la otra mitad.

Tus caricias
sobre mi piel
harán temblar mi cuello,
me harán estremecer.

Yo de amores
te vestiré
y el miedo no es el miedo
donde yo te llevaré.

Yo caminaré,
tú me seguirás.
Gozaremos del amor
en el mismo lecho.
Yo te sembraré,
tú germinarás.
Y al final descansaré
cuando tú me des
un hijo, nuestro.

No te asustes,
confía en mí,
que tengo todo un mundo
guardado para ti.

Yo de amores
te vestiré
y el frío no es el frío
donde yo te llevaré.

Yo caminaré,
tú me seguirás.
Gozaremos del amor
en el mismo lecho.
Yo te sembraré,
tú germinarás.
Y al final descansaré
cuando tú me des
un hijo, nuestro.

6 comentarios en “«Yo caminaré», Fausto Leali

  1. La de Bella sin alma aún me la sé de memoria y la canto mejor que nadie en el planeta. La escuchábamos los domingos en el Seat Fura cuando regresábamos de la salida campestre y antes de que empezara el carrusel deportivo.

  2. Richard Cocciante es el mejor y aquella interpretación de «Bella sin alma» metía miedo porque era sublime, como las tormentas. Pero de eso me he dado cuenta más tarde; en esos años me gustó más «Margarita», una estaba poco desarrollada y a él se le notaba más tratable.

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