Plaga de zoquetes

La noticia de que los españoles, junto a los italianos, son los más torpes de la OCDE en matemáticas y los más espesos en comprensión lectora ha causado gran desolación. Algo de esto intuía la generación mejor preparada de la historia, que en estos momentos friega platos en los pub londinenses o vacía papeleras en Múnich (que en alemán se dice München y en bávaro Minga. ¡Qué bavaridad!). Pero no sufran, aquí comparece un servidor para ofrecer ideas y para explicar que donde hay crisis, hay oportunidad.

Para empezar, corazones, admito que yo también estoy entre quienes tienen dificultades para entender las facturas de la luz, las ofertas de telefonía y la redacción de algunas leyes. Siempre había sospechado que lo hacían adrede, pero me quedo más tranquilo sabiendo que soy idiota. Sin embargo, pese a que por ser de Letras estoy eximido de utilizar la regla de tres o de saber calcular el interés compuesto de mi libreta de ahorros, hago grandes esfuerzos por comprender y calcular.

Así he conseguido entender, por ejemplo, a la lideresa del PP de Cataluña, Alicia Sánchez-Camacho, que quiere garantizar la igualdad de todos los españoles introduciendo elementos de singularidad en la solidaridad finalista para garantizar el principio de ordinalidad. Si hubiera dicho «queremos pagar menos porque somos más importantes que vosotros, pringados», se le hubiera entendido a la primera, pero tampoco es cosa de ofender. Además lo del «federalismo asimétrico» estaba ya cogido y ha tenido que improvisar. Estos liberales cada día son más socialdemócratas.

Pero a lo que íbamos. Si resulta que los bachilleres holandeses y japoneses son tan competentes en matemáticas o en comprensión lectora como los universitarios españoles, ¿dónde está el problema? No entiendo por qué nos empeñamos en ver el vaso medio vacío cuando podemos verlo doble: aquí hay grandes yacimientos de empleo por explotar.

Piensen, señores empresarios holandeses, ¿para qué contratar bachilleres de su país pudiendo obtener universitarios españoles a mejor precio? ¿Qué lógica tiene fabricar quesos de bola con personas que son capaces de leer a Hegel o a Derrida? Un universitario español sirve lo mismo para la vendimia que para plantar tulipanes y, además, cuenta chistes de gangosos. Imaginen el puntazo de anunciar en su página web que todos los empleados de gestión de residuos de Philips o de Rabobank son universitarios: ‘University People for the Business’.

Y lo mismo les digo a los empresarios japoneses. ¿Qué sentido tiene fabricar coches en Japón, donde cualquier obrero entiende su nómina y suma sin usar los dedos, en lugar de montar una factoría de Toyota en el campus de una politécnica española? Por aquí circula la leyenda de las huelgas a la japonesa, que consistirían en producir más, seguir cobrando y colapsar a las empresas por superproducción y acumulación de stocks. Sería fácil montar una fábrica con universitarios, ponerles en permanente huelga de producción y al mismo tiempo hacerles creer que están a punto de reventar el sistema. Además no hay que montar comedores, que mamá les pone el almuerzo en el túper. Todo ventajas. Y a los sindicatos les subvencionas las carpetas de unas jornadas o una comida de hermandad en el restaurante Don Jamón y seguro que apoyan la huelga permanente o firman un convenio, lo que salga más rentable.

En fin, que ha llegado el momento de explotar este bruto producto interior y no dejarse comer el terreno por los países en vías de desarrollo. Ya que no es posible ofrecer JASP, jóvenes aunque sobradamente preparados por cierre de negocio, al menos explotemos nuestro rico acervo incultural y hagámonos aún más los tontos. Total no tenemos nada que perder. Y siempre será mejor que echarse a las drogas.

[Publicado en El Diario Norte el 13/10/2013]

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