Haikus revueltos

¡Takeshi Kumato traduce de nuevo!
¡Loadas sean las grullas de Hokkaidō!

Poemas de Mematsako Sakuda traducidos por el humilde Takeshi Kumato y publicados en La vuelta al mundo.

Nada parece
lo que es en la noche
Ladran los perros

*

En el estanque
las estrellas y el cielo
entre los peces

*

Ulula el búho
Detrás de las paredes
se oye un gemido

*

En el espejo
tu carne de cristal
tu voz de hielo

*

Alzas al cielo
corazón vegetal
brazos de sombra

*

Bajo la copa
del árbol el jilguero
y la culebra

*

Sobre los cables
trece cuervos componen
música negra

*

El viejo cuervo
sobre las ramas yertas
huele la sangre

*

Nubes de fuego
va dejando la tarde
rastros de sangre

*

Entre la bruma
una barca de espuma
sin marinero

*

Los naufragados
de corales y anémonas
fulgen sus ojos

*

Sólo palabras
seiscientas veces viejas
repite el cuervo

*

Por las estancias
del palacio una sombra
cierra las puertas

*

Es de cristal
todo lo que sonríe
tras la pantalla

*

Después de muerto
aún se escucha el barrito
del elefante

Haikus del parque

Poemas de Mematsako Sakuda traducidos ¡y explicados! por el humilde Takeshi Kumato

GLOSA DE TAKESHI KUMATO, HUMILDE TRADUCTOR
I

escapa el mirlo
surges entre la bruma
tu boca es lluvia

Es de mañana, cuando la niebla aún no se ha levantado del bosque. La mujer irrumpe correteando y el mirlo, que buscaba gusanos en la tierra húmeda, huye asustado. La humedad de la mañana ha dejado perlas de agua sobre sus labios. No hay que dar crédito al ignorante filólogo Makoto Origami, que sostiene que este primer haiku describe a un hombre irrumpiendo de entre los matorrales y escupiendo.

II

por el sendero
tu pecho amasa el aire
rugen las fieras

La mujer corretea por un sendero, por lo que me atrevo a aventurar que se trata de un parque. Sabemos que es mujer y que corretea porque su pecho se agita al compás haciendo que el aíre se levante en torbellinos. Es una imagen tan plástica que eleva la dicha de este humilde comentarista. Aunque el ignorante filólogo Makoto Origami interpreta literalmente que la escena se ubica en un parque zoológico, este humilde glosador cree que no se trata de fieras reales, sino de los ojos lascivos de algunos hombres. Quizá el maestro Sakuda, ante la visión, haya sentido el rugido del dragón en su anciano pecho.

III

dos plenilunios
huyendo entre las hojas
callan las flores

Makoto Origami, ignorante filólogo, sostiene que el hombre que escupe huye del zoológico tras haber robado dos balones blancos como lunas llenas. ¡Oh, qué cabeza llena de fútbol! Siento vergüenza por haber nacido en el mismo país que este necio y me sometería felizmente al harakiri si no esperara acabar algún día ahogándolo en un estanque.

Los plenilunios que se alejan entre las hojas de las plantas que adornan el sendero no pueden ser sino las rebosantes nalgas de la corredora, cuya belleza (de la corredora o de sus nalgas o de las tres) silencian la propia belleza de las flores.

Después de estas modestas glosas me atrevo a proponer a los editores japoneses del maestro Sakuda que cambien el adusto título de estos haikus, Haikus del parque, por otro más poético “A una corredora de apretadas mallas en el parque de Joanzan”. En mi humilde opinión creo que esto ayudaría a que los jóvenes se acercaran con regocijo a la poesía del maestro.

Haikus del sumo y el mundo flotante

No sabemos si el maestro Mematsako Sakuda contempló alguna vez un combate de sumo. Lo que sí conocemos es la impresión que recibió en Osaka al ver pasear a una joven noble acompañada del gran luchador Maasakimari. Fue tan grande su sorpresa que corrió a dibujar la estampa titulada La ardilla y el elefante pasean bajo los almendros en flor del parque Tennoji, hoy lamentablemente perdida como todas sus pinturas del mundo flotante. Sabemos también que, influido por aquella visión que inflamó su imaginación, escribió los haikus que a continuación glosa este humilde traductor.

Regla del sumo
no caben dos montañas
en una isla

Confieso avergonzado que la traducción del primer verso es totalmente libre. El maestro Sakuda habla en él de los poderosos rikishi, que son los contrincantes del sumo, pero he preferido traicionar sus palabras para aclarar a los lectores que leyeren, sin mis humildes glosas, este y los siguientes haikus que deben interpretarlos con la clave de nuestro deporte nacional. A veces el arte es un misterio, pero cuando encontramos la llave que abre las puertas del entendimiento, su claridad resplandeciente nos ilumina.

Los versos describen con sencillez no exenta de liviandad y gracia las reglas de este deporte: derribar o arrojar a uno de los luchadores (las montañas) del círculo o dohyo (la isla).

El ignorante filólogo Makoto Origami, sin duda confundido una vez más por los vapores de sake, interpreta que la isla es Japón. Dinos, oh necio Origami, de qué manera nuestra patria puede considerarse una isla cuando es ¡un archipiélago de más de 6.000 islas! ¡Asno!

Los luchadores
con sus cuerpos inmensos
amor gigante

Posiblemente la imaginación del maestro echó a volar tan alto como las grullas que surcan el cielo sobre las cumbres de Akaishi. A los piadosos lectores de España, México, Argentina, Filipinas, Guinea y el resto de países del antiguo Imperio del Sol Yaciente debo recordarles que el maestro Sakuda, además de poeta, fue un memorable pintor de estampas y que en su tiempo fueron también famosas sus imágenes de primavera o shunga. Nunca nos cansaremos de lamentar que la obra pictórica del maestro se haya perdido para siempre.

Sólo un cabeza de sandía como Makoto Origami sería capaz de interpretar que el maestro confunde un combate de sumo con un frotamiento homosexualístico. Mas bien habría que suponer que, tal vez excitado por el recuerdo de los novios del parque de Osaka, haya visto en su imaginación aumentar gigantemente la virilidad de los luchadores de sumo, por lo normal oculta bajo el suave mawashi.

La hermosa niña
con su dulzura amansa
al elefante

¿Qué podemos añadir a esta bella imagen que nos remite a la estampa desaparecida? ¿Tal vez que no es tan inocente como pudiera entenderse a primera vista? ¿O quizá que el necio Origami, como hay un elefante, sitúa la escena en la India, a donde debería ser enviado a fabricar ladrillos por el resto de sus días?

Lecho de plumas
en la más alta cima
la nieve es fuego

No se deje engañar el ingenuo lector ni la inocente lectriz por esta estampa delicada. Tampoco debe dejarse llevar por una interpretación literal, como la que habría intentado el torpe Origami si hubiera podido posar sus legañosos ojos sobre este haiku hasta hoy inédito: no, no se trata de un nido de buitres en la montaña. Es sin duda el blando lecho sobre el que se tienden los amantes. Ella asciende a la más alta cima del hombre montaña, de cuyo volcán brota un fuego que se convierte en nieve. Su natural timidez turba a este humilde comentarista y le impide ser más explícito.

Después de muerto
aún se escucha el barrito
del elefante

Este conocido haiku del maestro ha tenido interpretaciones muy diversas. Algunos han creído ver en el elefante a un gran shogun cuyo inmenso poder perduraría mucho tiempo después de su muerte. Ba Lankó, audaz filólogo de Kagoshima y autor del aún inédito Puente de jade. Un estudio sincrónico y materialista de los mensajes de protesta en la copla y el haiku, redactado tras una visita a Toledo, Granada y la Sagrada Familia de Barcelona, dice que el sentido de estos versos es equivalente al del refrán «más caga un buey que cien palomas» que escuchó a un gitano del Sacromonte.

Sin embargo, este humilde traductor cree que pertenece a la misma serie que los haikus del sumo y que también debería interpretarse teniendo presentes las «imágenes de primavera», pues así de diversas y ricas son las lecturas que nos ofrece el adorado maestro Sakuda. Si el elefante ya fue metáfora del robusto luchador, ¿por qué no ha de ser su barrito el enorme gemido exalado tras el éxtasis que en Francia llaman la pequeña muerte?


Estampas de:
(1) Utagawa Kunisada, (2) Daimon Kinoshita y (3) Katsukawa Shunchō