Nachmarh

Y para qué contaros
que me despierto a veces en medio de la noche,
los párpados ardiendo, los labios
palpitando como un
oleaje de púrpura.
Abro entonces los ojos apartando las sombras,
las manos
que aún ciñen mi cintura tras el tibio placer
y salto
para buscarla a ella,
amada íntima
superviviente
de los naufragios múltiples del corazón,
último sueño, dulce pesadilla
abominable como
el recuerdo infinito de un amor innombrable.