Ponga un artista en su mesa

Practicar el escapismo, sí; promoverlo, no. Así que renuevo mi compromiso con la actualidad comentando esta triste noticia de L’Avantguarda: las manifestaciones de la señora Colita (dicho sea sin ánimo de remarcar el oxímoron) rechazando el Premio Nacional.

Dada la reiteración de estos comportamientos, me atrevo a elevar al Ministro de Cultura (que me estará leyendo) unas humildes propuestas para que los artistas dejen de morder la mano que no les da de comer:

1. Darles de comer. Es una propuesta bastante cara, dado lo que comen los artistas. Además tendría el efecto secundario de multiplicar su número. Crearía también un precedente comparativamente ominoso con otros gremios, como el de los torneros-fresadores o las secretarias de dirección. ¿Por qué los artistas?

2. Eliminar los premios. Es una medida radical y bastante razonable, dado que los premios siempre se leen en clave de sumisión al poder político. Pero ocurriría que el resto de los organismos del Estado (gobiernos autónomos, diputaciones, ayuntamientos) perderían el culo por demostrar que ellos sí apoyan a la Cultura (con Mayúsculas) premiando a todo el mundo, incluido los transeúntes, especialmente si firman manifiestos.

3. Aumentar la cuantía de los premios. Vale, te metes los 30.000 euracos por el agujero del aparato excretor, pero por 300.000 te saco brillo.

4. Hacer un bote, como en el Bonoloto. El premio rechazado se incorpora a un bote para el año siguiente.

5. Nombrar siempre a ministros de cultura de izquierdas, para compensar los efectos alérgicos y el rechazo.

Estas grandes ideas, que ofrezco sin ánimo de lucro, podrían ser fácilmente compensadas aumentando los presupuestos del Ministerio de Cultura. Como parece que no hay dineritos en el Estado (sí, corazones, que no leéis bien los periódicos; cada pocos días hay que subastar deuda para que nos presten dinero y podamos mantener este invento a toda máquina) tampoco estaría mal comprar libros, cuadros, fotos, discos y cosas de esas que hacen los artistas. Que también son de Dios y tienen que comer.

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