Sobre la sinceridad

Nunca hay que creer a quienes te piden una opinión sincera sobre algo. Nunca. Jamás. La sinceridad es algo que todos valoramos mucho cuando su aplica sobre terceros —especialmente si no se enteran— pero tiene unos efectos devastadores en la estima, la autoestima, las relaciones públicas, las relaciones púbicas, la amistad y la paz en el mundo. Contra la brutalidad de la sinceridad se inventaron la cortesía, la etiqueta y la elipsis, que son formas elegantes de relacionarse. No os engañeis, quienes os piden una opinión sincera os están pidiendo reafirmación y cariño, no críticas. Las opiniones sinceras sólo puedan darlas los ajenos, nunca los amigos, y mucho menos los subalternos despedibles.

Moraleja: Nunca creas en la sinceridad de los amigos.
Corolario: Nunca creas a los amigos.
Resumen: Nunca creas.

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