Una (e)lección griega

Para ganar por mayoría absoluta es necesario tejer un cuerpo electoral transversal. Esto exige identificar con claridad un enemigo que aglutine el descontento y que lo convierta en chivo expiatorio del malestar. Es siempre preferible que ese enemigo sea exterior pues de lo contrario se corre el riesgo de desmovilizar a parte del electorado que puede sentirse identificado.

El caso de la victoria de Zapatero es paradigmático: una vez consolidada en el electorado la correspondencia Aznar = Bush > Guerra > Terrorismo Islamista > 192 muertos, quedó claro contra qué se votaba; daba igual que aquello fueran unas elecciones generales o que Aznar ni siquiera se presentase a ellas. También lo consiguió años después el Partido Popular identificando crisis económica, corrupción, derroche y paro con el PSOE; en este caso se trataba de una reedición del mensaje que permitió anteriormente la mayoría absoluta de Aznar y la caída del gobierno de Felipe González. (Por cierto, el cuerpo electoral ha comprado varias veces este mensaje por lo que el PSOE debería espabilar y aprender de una vez por todas que este es el terreno ideológico en donde debe combatir en lugar de seguir girando eternamente a la izquierda, que parece encerrado en un giro perpetuo sobre la rotonda de su propio ombligo. Bah, no me agradezcan el consejo, soy así de generoso).

Ahora acabamos de ver cómo Syriza ha rozado la mayoría absoluta con el mismo método, identificando como enemigos a batir la crisis económica, las políticas neoliberales y la austeridad, es decir, proponiendo un mayor endeudamiento (un imposible, dado que la deuda soberana helena está al nivel de los bonos basura), programa en el que ha coincidido con otros partidos. El cuerpo electoral ha comprado masivamente el mensaje de que ellos no tienen nada que ver con los problemas que les aquejan y ha apartado a quienes les han prometido un futuro venturoso si pagan sus deudas y racionalizan la administración pública y la economía. El estado de ánimo electoral lo resumió perfectamente ante las cámaras del Telediario de TVE una señora que mostró su monedero vació: votaré a quien me lo llene. De momento han votado a quienes han prometido que no se lo van a vaciar más.

Ya sabíamos que era más fácil comprar una mentira verosimil (no pagar la deuda actual, permanecer en la zona euro y, sorprendentemente, endeudarse más para revitalizar la economía) que un relato inverosimil de austeridad, penalidades y trabajo con final feliz. Pero también sabemos lo difícil que resulta gestionar una mentira colectiva si no se dispone de los mecanismos represivos de una dictadura.

Mal asunto, muchachos. Habéis sacado pecho proclamando que fuisteis los inventores de la democracia (δημοκρατία) pero siempre se os olvida decir que duró poco, que tuvisteis el mismo o mayor éxito con el falangismo espartano y que en lo que sois auténticos maestros es en otro de vuestros grandes inventos, la demagogia (δημαγογία). Suerte. Vais a necesitarla.

¿Quieres comentar algo?